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#LosDiscosDeMiVida: The Ultimate Collection

 

 
Casi todos cenan, unos comen uvas como desesperados mientras al ritmo de la docena campanadas intentan pedirle a Dios, al Universo o a cualquier ente metafísico les conceda bendiciones en ese mismo número. Otros salen con las maletas a correr por la calle como desquiciados porque anhelan poder viajar y algunos más portan ropa interior color rojo o amarillo porque quieren encontrar el amor o tener dinero.

31 de diciembre, la gente de todo el mundo se encomienda a tradiciones para despedir un año y darle la bienvenida a otro. En el lejano oriente, los chinos, taiwaneses y compañía tienen una festividad similar pero su calendarización puede variar entre el último tercio de enero y el segundo de febrero. No obstante las diferencias entre culturas, la celebración de un nuevo ciclo tiene como constante la presencia de rituales.

Desde hace años (perdí la cuenta de cuántos son) y por casualidad me construí dos para este día, el primero es ver Goodfellas de Martin Scorsese (ya escribí acerca de), y el segundo es escuchar íntegro el álbum The Ultimate Collection de Barry White. Puedo dejar de cenar, de ingerir uvas, de beber vino, pero no puedo dejar de ver esa película y abrazarme auditivamente al músico originario de Galveston, Texas.

La primera vez que sucedió esto último no fue por iniciativa mía, sino una bonita casualidad. Era una cena de noche vieja en mi casa, tíos y primos vinieron y a mi madre se le ocurrió poner como acompañamiento musical The Ultimate Collection. No me importó mucho la cena ni los temas de conversación, yo le prestaba atención a las 18 canciones del álbum que desde aquel día escucho religiosamente en 31 de diciembre. Está de más decir que desde entonces el cd cambió de manos sin que la dueña original lo supiera.

The Ultimate Collection llevaba en mi casa desde el año 2000 o 2001 aproximadamente sin embargo no recuerdo que mi madre lo escuchara mucho por aquel entonces; ahora en mis manos es uno de los pocos discos recopilatorios que suelo poner para disfrute personal ya que prefiero acercarme a los álbumes de estudio de los músicos que me gustan porque puede notarse ahí más la creatividad a fondo por encima de parámetros comerciales o de popularidad. 
 
You're the first, the last, my everything, quizás el tema más reconocible de White es el punto de inicio. A partir de ahí hay una gran presencia de soul, de esa voz grave, de la finísima instrumentación y sobretodo de esa atmósfera de festividad etérea que invita a estar contentos por un año que se fue pero sobretodo por otro que ahí viene.
 
Conforme avanza el disco se abren paso los clásicos más movidos del repertorio del genio texano como Let the music play, Don't make me wait too long, What I'm gonna do with You o I'm qualified to satisfy you. Es un álbum alegre y suave al mismo tiempo, que invita al optimismo de un ciclo que está por venir y contiene valles de disfrute lento como The Right Night o Dark and Lovely.   
 
Entre festividad y sensualidad transcurren 18 temas que llegan a un final que no podría ser más espléndido, se trata de la instrumental e insuperable Love's Theme, lanzada en 1973 y acreditada a la Love Unlimited Orchestra, el ensamble de 40 músicos que acompañaba al músico. Esta pieza representa a la perfección un dibujo sonoro sobre un concepto abstracto, en este caso el amor. Si alguien se me acercara algún día y me preguntara a qué suena el amor le respondería que a esta joya de la Love Unlimited Orchestra.   

Asimismo Love's Theme se vuelve un buen recordatorio de aquella frase de Ernest Hemingway en Por quién doblan las campanas que señala que "el mundo es un buen lugar por el que vale la pena luchar", porque si en este sitio existió alguien capaz de crear esa melodía es porque es un buen sitio... y en un día así podemos decir que el año venidero es una buena oportunidad para hacer lo que nos recomienda el ganador Premio Nobel.
 
Al compás de esta genialidad me permito decir, bienvenidos 2021, 2022, 2023 y los años que sean...