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Scorsese y el año nuevo



Celebrar la llegada de un nuevo año es una actividad que la gente fundamentalmente basa en tradiciones ejecutadas a base de rituales. Cenar con seres queridos, ir a la iglesia, brindar con champaña o sidra, comer uvas o lentejas, etc. Mi tradición particular tiene 2 rituales arraigados y es la única que me importa cumplir a cabalidad cada 31 de diciembre, me la impuse yo mismo y me hace enormemente feliz. 

El primer ritual es ver Goodfellas de Martin Scorsese y el segundo es escuchar The Ultimate Collection, un álbum de grandes éxitos de Barry White. Este texto lo dedicaré a abordar el primero y más adelante haré lo propio con el segundo. 

Llevo años viendo Goodfellas sin falla cada 31 de diciembre, es una tradición propia. Me da igual si ceno o no con familia, amigos o solo; lo que no puede faltar es que yo pase este día sin ver el filme protagonizado por Ray Liotta. Las casi dos horas y media de la película son el viaje a través de la vida, ascenso y caída de Henry Hill (Liotta), un gángster italo-irlandés de la costa este de los Estados Unidos y quien desde su juventud conoce qué es lo que quiere de la vida y va por ello.

Quizás esa es la primera reflexión que deja el protagonista, quien desde niño sabía qué le gustaba, cómo quería vivir e ingresó en el contexto que le permitiera conseguirlo. Cada final de año se presenta como una oportunidad para que la gente reflexione sobre el rumbo que toma su vida y si sus objetivos se cumplieron. Asimismo la llegada de un nuevo número al calendario suele ser socialmente vista como una oportunidad para trabajar en la consecución de ciertos objetivos que en el pasado no se hayan alcanzado.

Hay películas que tienen diálogos o frases contundentes que le dan entrada a la historia, por ejemplo, El Padrino inicia con el "I believe in America" por parte de Buonasera, el embalsamador. Goodfellas inicia con la categórica afirmación del protagonista quien señala "siempre quise un gángster".

Cada año que comienza es un buen pretexto para hacer cosas que nos satisfagan, la pregunta aquí es ¿sabemos cuáles son esas cosas? Muchas veces no sabemos a ciencia cierta qué es lo que buscamos en la vida de manera concreta y específica. Henry Hill lo sabía desde niño, quería ser un mafioso porque ese estilo de vida le otorgaba cierto respeto en el barrio y le permitiría acceder a ciertos lujos los cuáles le estaban negados a la gente de su estatura socio-económica.

Hay ocasiones en las que no tenemos la claridad mental para saber con exactitud qué queremos de la vida y para qué, la cinta en ese sentido es una buena invitación a reflexionar sobre qué es aquello a lo que aspiramos y con qué objetivo. Socialmente no es admirable que alguien se dedique a la delincuencia, pero resulta llamativo que Henry Hill desde niño haya aspirado a eso, lo hubiera logrado, y no se hubiera encontrado por casualidad con ese destino como le suele ocurrir a muchos criminales.



En otro nivel narrativo la cinta nos presenta el valor de las relaciones sociales. Es inevitable depender siempre de "el otro" para sobrevivir. Cada actividad que realizamos está de alguna forma relacionada con otro ser humano, aunque en presencia no se encuentre, inclusive nuestra existencia en si misma es un acto social relacionado a dos seres humanos en concreto que son nuestros padres.


Celebrar la llegada del año nuevo es un rito social y en él muchas veces se contempla la búsqueda del éxito a ese nivel. ¿Encontrar pareja? ¿Cambiar de trabajo? Ambos son objetivos de carácter social que la gente suele proponerse en nochevieja para conseguirse en el año venidero.

Goodfellas es una constante reflexión del individuo a nivel social. Henry Hill todo el tiempo se encuentra meditando acerca de los que lo rodean. En primera instancia sobre su familia sanguínea, posteriormente su adoptiva familia criminal, su matrimonio con Karen (Lorraine Bracco) y por último sus relaciones extramaritales con Janice (Gina Mastrogiacomo) y Sandy (Debi Mazar).
 
El simple hecho de renunciar a sus obligaciones de hijo por acercarse al grupo delincuencial de Paul Cicero (Paul Sorvino) ya implicó una decisión de carácter axiológico a nivel social. Posteriormente se vislumbra su lealtad a Jimmy Conway (Robert de Niro) y Tommy (Joe Pesci) que eventualmente se terminaría esfumando en un acto de desesperado anhelo de supervivencia. 

La película nos plantea aquí la siguiente interrogante ¿Qué clase de acompañantes queremos en nuestras vidas? ¿Hasta que punto su lealtad y compromiso con nosotros es genuino y en qué momento se puede convertir en un lastre? Al final, nos encontramos con que la lealtad es tan frágil como la vida misma y hay acciones que  pueden poner en riesgo a ambas.



Así como la apertura de la película es contundente, el cierre es estremecedor. Después de perder el sueño de una vida, Henry Hill tiene que enfrentarse a lo que siempre despreció, el ser uno más y pasar desapercibido. ¿Los propósitos de año nuevo penden de un hilo? Por supuesto, cualquier logro en la vida puede desmoronarse si se toman las decisiones equivocadas, ya sea por parte nuestra o de alguien más. 


El final, relatado a través de los acordes de My Way en la versión de Sid Vicious, es una declaración que a pesar de todo, hubo alguien que vivió la vida "a su manera" y que reproches se hace pocos. Quien lea esto ojalá haya vivido este año "a su manera" y el venidero lo haga igual. Es lo único que tenemos. Y todo lo escrito anteriormente es por lo cual siempre veo esta cinta cada último día del año, para recordarme todo lo que puede estar en juego más allá de un cambio en el calendario.